Liturgia

A veces basta un segundo
para que sonría el corazón
y la sangre comience  a correr por las venas,
con la intensidad de un caballo salvaje
galopando a través de los verdes prados,
al ritmo del crecimiento lunar.

Con las crines al viento
y la intensa sensación de libertad,
sólo él y los árboles,
comulgan con el pasto que hay bajo sus patas,
en la liturgia de su propia vida,
que empieza a cobrar el sentido
definido por su real naturaleza.

El brillo de su pelo
adquiere tintes ocres a la luz de un sol,
que, noblemente, acaricia los sutiles
velos deprendiéndose de sus ojos,
para dejar la mirada cristalina e inocente
del potro de antaño. 

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