Silenciosa imagen

 
 
 
 
Caminaba por las calles de la ciudad y mis ojos se detuvieron en un carro de fruta; miré con inquietud unas bolsas de malla y le dirigí una ansiosa  pregunta a la vendedora: ¿Qué son? Ella, expectante, ante mi inquietud, me contestó: "Son achachairus". El nombre no me recordó nada especial pero el color de su piel y su dura consistencia hicieron que todos los mares se juntaran en mi lengua. Sin intentar detener mi impulso, compré un saco lleno de anaranjados néctares.
Mis dedos separaban su cáscara y el jugoso fruto aparecía ante mis ojos de color blanco anacarado. Me cabía entero en la boca y, al contacto con mis papilas gustativas, sentí su dulce pulpa. En una silenciosa imagen, aparecía la pequeña mano de una niña, muy concentrada en la grandiosa labor de pelar bien su exquisito bocado. Lo añoré durante años y solo el azar me llevó a revivir su esencia.
 
Marina © M.C.
 

 

 

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